Desde hacía una semana los perros de la cuadra ladraban incesantemente por las noches. No lo dejaban dormir, no lo dejaban pensar. Había quedado solo en la casa por al menos un mes, hasta que su padre y su nueva esposa volvieran de su luna de miel. Deambulaba ojeroso durante el día sin saber muy bien que hacía: lo movía la rutina.
Una tía abuela medio mística (la última que le quedaba) le dijo por esos días: "Los perros ladran tanto porque ven cosas que nosotros no podemos conocer. Algo anda rondando, por eso los perros no tienen paz.". Parecía una idea rara pero extrañamente razonable. Aceptarla implicaba darle el visto bueno a un sin fin de cosas en las que nunca había creído; por otro lado, un animal tan noble y con sentidos tan aguzados (quizás incluso con sentidos desconocidos para los humanos) tranquilamente podía estar percibiendo en esos momentos un mundo de sombras que nosotros jamás alcanzaríamos.
Se encaprichó con el secreto de los perros.
Haciendo una rápida investigación se topó con la leyenda de las lagañas del perro, aquella que cuenta que, si una persona se coloca sobre los ojos (durante una semana) lagañas de perro, a la medianoche de la séptima jornada será capaz de ver todo aquello que escapa a nuestras miradas mundanas.
Tomó coraje; una mañana, arrancando las vacaciones de invierno, se despertó temprano, sigilosamente se acercó a su perro que dormía y le limpió las dichosas lagañas. Se resistió durante unos segundos a colocarse esa sustancia cremosa y desagradable pero por fin, con una mueca de asco, se restrego con ella los ojos.
Ardió, pero resistió el impulso de lavarse.
Habiendo transcurrido un día completo, se asomó a la ventana para comprobar si había tenido éxito, pero no veía más que el panorama desolador de siempre. Siete días entonces, no uno. Tuvo la precaución de tomar los antibióticos que encontró en el botiquín, pensando que lo ayudarían a mantener sus ojos en condiciones. Por las mañanas se colocaba lagañas frescas. Pasaba las noches en vela, incómodo, dolorido, expectante y un poco asustado. ¿Qué vería, si el ritual funcionaba? ¿Qué pasaría si no? Las veces que no aguantaba más y dormitaba, se despertaba sobresaltado, sintiéndose observado.
Finalmente llegó el momento de la verdad. Para entonces tenía los ojos hinchados, pegoteados y supurantes.
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domingo, 10 de agosto de 2014
LAS LAGAÑAS DEL PERRO

Existe una leyenda urbana muy conocido en Latinoamérica, según la cuál los ladridos y aullidos inexplicables
de los perros durante las noches, cuando aparentemente no hay motivo para que los bichos hagan tanto escándalo, se deben a que son capaces de ver cosas que están escondidas a los ojos humanos. Estas imágenes serían de demonios, espíritus errantes y demás criaturas no físicas que pululan entre nosotros. Incluso se dice que pueden ver a la Muerte.
Hay una supuesta forma de ver esta dimensión paralela: se toman por la mañana las lagañas de un perro, se las coloca en los ojos, y en un período que va desde un día hasta una semana repitiendo el rito, quien se haya atrevido a realizarlo podrá ver todo aquello que los perros son capaces de percibir con sus ojos.
La leyenda va acompañada de una advertencia: los que han llevado a cabo con éxito este ritual, han terminado locos o muertos de terror, ya que las imágenes serían tan terribles que la mente humana simplemente no puede soportarlas.
viernes, 23 de agosto de 2013
MI FIEL AMIGO SE HA DORMIDO - HASTA SIEMPRE NEGRO!
Estoy triste. El lunes pasado murió mi perrito, así que esto va dedicado a su memoria...
Mi fiel amigo se ha dormido
Mi fiel amigo se ha dormido. Descansa, pues tiene un largo viaje por delante.
Bajo la luz de la pálida luna, arropado por las estrellas, aguarda la partida. Lo arrulla la brisa nocturna que arremolina sus sueños, y que sólo a último momento le susurrará cuál es el camino que debe seguir.
Le dirá seguramente: “Ve por ahí”, y el sol asomará a lo lejos. Entonces partirá por esos derroteros celestes, dejando tras de si todo peso innecesario.
Yo no querré que se vaya, no querré que me deje. Tenderé mi mano para mantener su cercanía. Trataré de tragarme el adiós.
Cada ladrido perdido en las noches será su despedida.
Mi fiel amigo se ha dormido y viaja en sueños.
Ubicación:
San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina
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