Yendo desde Capital hacia el interior, después de una jornada agotadora, manejaba la moto a media velocidad, con ella dormida a mis espaldas.
La noche a lo largo de esos caminos puede volverse inquietante: asfalto, luz, ruta; y el motor que sostiene su misma, única nota interminable. Estábamos solos.
El viento frío me helaba las manos y la cara, el sueño me pesaba en los párpados; su abrazo me hacía anhelar más que nunca llegar a casa.
Cada tanto, por la otra vía nos cruzaba algún auto haciendo estrépito; en el invierno parecen rugir de apuro. Solamente un camión nos adelantó esa noche, paradójicamente silencioso.
Iba pensando en no dormirme, iba pensando en lo lindo que sería cerrar los ojos un momento y descansar la vista, iba pensando en que no podía acostarme como quería (iba en la moto, ¿cómo me iba a acostar?). Luchaba contra el sueño, el frío, el silencio, la ruta que no se acababa. Y también contra su confortable abrazo.
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lunes, 1 de abril de 2013
FALSA ALARMA
Trabajaba en la farmacia de un sanatorio. En ese tiempo hacía turnos nocturnos.
Un viernes a la noche estaba charlando con los dos chicos de la guardia y de repente uno dice "¡Escuchen!".
Nos callamos, y no oíamos nada. Pero él se levanta y dice "...son pasos... en el primer piso... pasos en los ultimos escalones, y la puerta...".
Sudor frío...
Al primer piso se accede por una escalera que está ahí nomás, a unos metros de donde nos ubicábamos nosotros. El que escuchó los ruidos nos dice que lo sigamos. Nosotros con el otro flaco estábamos duritos. Pero al toque nos levantamos y lo seguimos.
Empieza a subir la escalera, detrás iba yo y al final quedó el otro, que no empezó a subir siquiera.
El primero termina de subir alumbrando con la linterna del celular, caminando despacito. Esa planta está llena de consultorios, a esa hora desocupados, y las luces todas apagadas.
Un viernes a la noche estaba charlando con los dos chicos de la guardia y de repente uno dice "¡Escuchen!".
Nos callamos, y no oíamos nada. Pero él se levanta y dice "...son pasos... en el primer piso... pasos en los ultimos escalones, y la puerta...".
Sudor frío...
Al primer piso se accede por una escalera que está ahí nomás, a unos metros de donde nos ubicábamos nosotros. El que escuchó los ruidos nos dice que lo sigamos. Nosotros con el otro flaco estábamos duritos. Pero al toque nos levantamos y lo seguimos.
Empieza a subir la escalera, detrás iba yo y al final quedó el otro, que no empezó a subir siquiera.
El primero termina de subir alumbrando con la linterna del celular, caminando despacito. Esa planta está llena de consultorios, a esa hora desocupados, y las luces todas apagadas.
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