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miércoles, 9 de marzo de 2016

NADA


 
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-¿Qué hay debajo de la cama?
La respuesta que te dan...  
-¿Qué se puede hacer para vencer el miedo?
...la que responde tantas preguntas...
-¿Qué será de mi si el horror me supera?
...no es precisamente alentadora.

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 Hernán Ibarra

viernes, 6 de febrero de 2015

LA MIRADA QUEDA



Despierto de un sueño desvanecido, como de gasa fina y blanca hecha jirones. Me topo con tu mirada gris. Hay en tus ojos un rastro de bronca vieja. Como de reproche pasado por agua. Brillante y apagado al mismo tiempo.
A veces uno fantasea... pero no esas fantasías de antaño, de juventud, de magia. Fantasías propias de la parte más descolorida de la vida. Y entre las más preciadas está la de irse de este mundo de tristeza sin dolor, al menos en ese tirón final.

viernes, 27 de junio de 2014

TANMAY EL ABSORTO

Espero que esta historia breve les guste, acabo de escribirla así que... recién salida del horno!


Cuando Tanmay ingresó al salón el maestro llevaba varias horas meditando. Entró descalzo, sin hacer ruido. Pensaba, mientras lo reverenciaba mentalmente, qué tan profundo habría llegado el anciano. A medida que se acercaba, paso a paso, se sentía cada vez más en soledad, predispuesto para la meditación y temeroso de perturbar la serena quietud del cuarto. Cerró sus ojos.

Las inhalaciones y exhalaciones de Tanmay fueron disminuyendo lentamente, hasta el punto en que parecía no respirar. Todo fue desvaneciéndose a su alrededor. Tras una primerísima y breve sensación de la Nada, comenzó su tribulación. Cuestionamientos que lo alcanzaban aún en lo más lejano de su viaje. Abrió los ojos. Él no lo sabía, pero habían pasado casi dos horas. El maestro seguía inmutable.

Tanmay cerró los ojos nuevamente. La tentación de encontrar el motivo o la solución de su tribulación era fuerte, pero la verdadera respuesta era la sensación de la Nada. Pensó en no pensar y se alejó un poco de la profundidad requerida. No reaccionó y muy pronto se hallaba muy cerca pero igualmente distante. Algo le pesaba sin que el lo supiera. Se alejó de la profundidad de su adentro del cielo y regresó al salón, habiendo transcurrido esta vez más de cuatro horas, sin que él lo supiese. Percibió que el maestro seguía imperturbable. Pero esta vez lo supo sin abrir sus ojos, por lo que continuó.