La violencia y la inseguridad son parte de nuestras vidas. Ningún discurso que pretenda negarlo o quitarle importancia puede cambiar una realidad que cada día nos golpea con mayor saña. La incapacidad, la desidia, la inoperancia, la corrupción que serpentean en las instituciones permiten que se reproduzcan y afloren cuando menos lo esperamos.
Entre tantos hechos terribles que ocurren semana tras semana, dos han captado especialmente la atención en este último tiempo: el ladrón que, tras intentar asaltar a una joven madre, fue linchado y muerto por una turba de vecinos (Rosario), y la estudiante jujeña que fue asesinada de un puntazo en el corazón durante un robo (Tucumán).
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jueves, 26 de junio de 2014
viernes, 20 de diciembre de 2013
NO MIRARON AL CIELO
Como siempre para esas fechas, la expectativa crecía más y más. Esos últimos días del año, llenos de amores, odios, reflexiones, reencuentros, discusiones, soledades y propósitos de enmienda, difícilmente dejaban indiferente a alguien. En medio del calor tucumano y de la festividad del fin de otro ciclo, todos se preparaban, a su manera, para hacerle frente a lo que llegaba.
Algún observador despistado, desde afuera, hubiera dicho que el último brote de la magia de la niñez había renacido (un poco retorcido) en los adultos. Esa tarde esperaban exaltados la noche. Juntos. Pero aún faltaban unos días para la llegada del Niñito Dios, o de Papá Noel.
No miraron al cielo buscando una estrella, miraron sus pantallas, sus teléfonos y sus computadoras, tratando de asimilar el “Ahí vienen!!!”. El fuego iluminó las calles, y todos se ubicaron para esperar.
Algún observador despistado, desde afuera, hubiera dicho que el último brote de la magia de la niñez había renacido (un poco retorcido) en los adultos. Esa tarde esperaban exaltados la noche. Juntos. Pero aún faltaban unos días para la llegada del Niñito Dios, o de Papá Noel.
No miraron al cielo buscando una estrella, miraron sus pantallas, sus teléfonos y sus computadoras, tratando de asimilar el “Ahí vienen!!!”. El fuego iluminó las calles, y todos se ubicaron para esperar.
Autor: Hernán Ibarra
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