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lunes, 1 de abril de 2013

LA VERDADERA HISTORIA DE NENE MALO

Volvía de un viaje de trabajo desde Florencio Varela hasta Merlo. Iba cansado y apesadumbrado porque las ventas no habían sido las esperadas. Pensaba en cómo podría pagar la deuda, en lo que iba a pasar si no lograba reunir el dinero…
El auto protestaba un poco cada tanto, pero resistía el esfuerzo. Todavía faltaba bastante cuando empezó a llover.
Aún hoy no me explico por qué tanto retraso, pero cuando menos lo esperaba el sol comenzó a ocultarse y las cosas perdieron color. Entre el cansancio, la preocupación y la lluvia, decidí parar y dormir, siquiera en el auto.
Estaba en pleno Lomas de Zamora, no conocía a nadie, así que paré frente a un barcito apartado. Al entrar vi que estaba prácticamente vacío: el que supongo era el dueño miraba una película en blanco y negro, y en un rincón un borrachito contemplaba tristemente una botella y un vaso vacíos.
Me acerqué a la barra y pedí una cerveza. Tenía hambre, pero no quería comer nada en ese lugar. Afuera la lluvia cobró fuerza.
-Qué nochecita – le dije al dueño.
-Psss… - contestó sin apartar la vista del televisor. Tenía un bigote desaliñado que escondía las comisuras de su boca. – El día que el del tiempo acierte, se acaba el mundo.
Fui sorbiendo lentamente la cerveza helada, cuando al tercer trago el viejito borracho se me sentó al lado. – ¿Amigo me compra un trago? – pidió con una sonrisa desgastada. Se me pasaron mil cosas por la mente, pero no les di importancia. – Claro amigo, ¿qué quiere tomar?
Pidió un vino, el más barato que uno pueda imaginarse. Se sirvió y vació el vaso, después sirvió y vació de nuevo. Mientras estaba en eso, por la calle pasó un auto con la música a todo volumen. Sonaba un tema de cumbia.
Durante la propaganda de la película, pusieron el anuncio de un recital en un club de la zona. No le presté atención, pero al escucharlo el viejo se ahogó con el vino, tosió, puteó, se limpió la boca con la manga.
El dueño ya no miraba la tele. Ahora el hombrecito tenía un gesto agrio. Sin previo aviso, sorprendentemente lúcido, empezó la historia.